Prólogo del Antología Democratizar el dinero. Una introducción a la Reforma del Dinero Soberano.

Por Jesús Suaste Cherizola (Editor)

¿Cuántas crisis económicas más tendrán que producirse antes de que las organizaciones políticas y los movimientos sociales asuman como un objetivo prioritario la tarea de reorganizar el sistema monetario y financiero imperante?

Dentro del debate público de las sociedades contemporáneas, la cuestión de cómo transformar el sistema monetario y financiero parece no ocupar un sitio prioritario. Esta ausencia resulta paradójica. Por un lado, es a todos evidente que las instituciones financieras concentran demasiado poder: millones de ciudadanos alrededor del mundo son asolados por el peso del endeudamiento y han sufrido los estragos de las crisis que generan los mercados financieros; decenas de gobiernos, en los últimos treinta años, se han visto obligados a implementar rescates bancarios con dinero de los contribuyentes. Pero por otro lado, la cuestión de qué hacer con la estructura del sistema monetario y financiero es una pregunta que parece caer en el olvido: no es sólo que los diversos actores políticos de las sociedades modernas carezcan de un plan de acción para la transformación radical del sistema financiero; parece que ni siquiera existe una conciencia clara sobre la importancia de someter las cuestiones monetarias al escrutinio del debate público.

Tal vez una de las mayores victorias del régimen oligárquico que hoy padecemos, reside en haber convencido a la ciudadanía de que los temas asociados a las finanzas son ajenos al interés de las mayorías y que incumben únicamente a un puñado de expertos. Como consecuencia, y pese a que vivimos en una sociedad completamente monetarizada, la comprensión general del dinero y sus implicaciones políticas suele ser deficiente y estar mistificada por explicaciones erróneas.

A contracorriente del olvido en el que se encuentra la pregunta por el dinero, este libro busca mostrar al lector que un sistema monetario (el conjunto de reglas mediante las cuales el dinero es creado y puesto en circulación) es el escenario de una lucha por el poder cuyas consecuencias impactan en todos los ámbitos de  a vida cotidiana. ¿Qué consecuencias tiene la estructura del sistema  onetario en la distribución del poder y el ingreso entre las clases sociales? ¿Y qué sistema  onetario es compatible con los principios de libertad e igualdad que uscriben las sociedades modernas?

El tema central del libro –la reforma del dinero soberano– se despliega en dos direcciones:

1) El diagnóstico de que en las sociedades contemporáneas el poder de creación monetaria ha sido capturado por los bancos comerciales y, por lo tanto, está sometido a los imperativos de la obtención de la ganancia privada –no del beneficio colectivo–.

2) Un plan de acción: en respuesta a las contradicciones y problemas que engendra el sistema privado de creación monetaria, la reforma del dinero soberano propone implementar un sistema en que la creación monetaria (al igual que otras prerrogativas estatales, como la creación de leyes y el monopolio de la violencia legítima) sea una potestad del Estado y esté sometido al control democrático de la ciudadanía.

El proyecto de la reforma del dinero soberano, en fin, entraña una lucha por sustituir el vigente sistema privatizado de creación de dinero, por un sistema monetario bajo control del poder público.

La pregunta por el dinero

Dado que el sistema financiero ha creado una jerga especializada, es preciso detenerse a aclarar el significado de algunos términos e ideas que el lector encontrará frecuentemente a lo largo de este libro.

El diagnóstico que subyace a la reforma del dinero soberano parte de una indagación sobre la naturaleza del dinero. El dinero, sin embargo, es un objeto más difícil de definir de lo que el sentido común tiende a asumir, en particular porque en las sociedades contemporáneas el dinero se presenta ante nuestros ojos bajo dos formas irreductibles pero que en la vida cotidiana se confunden.

Tal vez la representación más familiar que tenemos del dinero es la de los billetes y monedas, cuya creación es todavía una prerrogativa de los Estados, y que utilizamos para llevar a cabo gran parte de las transacciones económicas de la vida cotidiana. La segunda forma del dinero es la de los depósitos bancarios: un mero “registro” contable que indica la cantidad de dinero que el banco se compromete a entregarle al titular de la cuenta si éste lo solicita. Cuando, en el habla cotidiana, decimos que “tenemos dinero” para referirnos al dinero registrado en nuestras cuentas bancarias, lo que en realidad tenemos es la promesa de un banco. La primera forma suele ser llamada “dinero en efectivo”. A lo largo de este libro, la segunda forma recibe nombres como “dinero bancario” o “dinero en cuenta”. Cuando se habla de dinero “en sentido restringido”, suele hacerse referencia al dinero emitido por el banco central (monedas, billetes y “reservas”, es decir, los depósitos de los bancos comerciales en sus respectivas cuentas en el banco central). Cuando se habla de dinero “ampliado”, se incluye también al dinero de los depósitos bancarios.

Dentro de las economías desarrolladas, aproximadamente el 10 por ciento del dinero está constituido por el dinero emitido por el gobierno. El 90 por ciento restante toma la forma de depósitos. Esto quiere decir que, a diferencia del dinero objetivado en las monedas y los billetes, la mayor parte del dinero de las sociedades existe como dinero bancario, el cual es utilizado para realizar pagos a través de transacciones electrónicas.

El estatuto del dinero adopta, así, una forma paradójica: en estricto sentido los depósitos bancarios no son dinero, sino “promesas de pago”. Pero en los hechos, esas promesas son utilizadas como dinero y constituyen la mayor parte de aquello que llamamos dinero.

Ahora bien, el elemento crucial de este sistema es el hecho de que, al contrario de lo que comúnmente se cree, el otorgamiento de un crédito no presupone ni requiere de un dinero previamente ahorrado. En otras palabras, un préstamo bancario no es la transferencia de un dinero ya existente de la cuenta de un ahorrador hacia la cuenta de un deudor. Al emitir préstamos, los bancos “crean” dinero al “crear” el depósito bancario correspondiente: esta creación es un registro contable que los bancos generan al introducir un número en sus computadoras. En esto se funda el poder de creación monetaria de los bancos.

Del hecho de que en la sociedad existan dos formas de dinero (o bien, un dinero emitido por la autoridad central y una “promesa de dinero” –los depósitos bancarios– que para efectos prácticos cumple con todas las funciones del dinero) se siguen algunas consecuencias que pueden parecer extrañas pero con las que el lector se familiarizará a lo largo de este libro: 

– Bajo el vigente sistema de creación monetaria, la prácticaque permite la creación de dinero bancario (es decir, aquello que consideramos como la mayor parte de nuestro dinero) es la emisión de préstamos. Esto quiere decir que el dinero bancario es dinero creado bajo la forma de deuda, sobre el cual los bancos comerciales cobran intereses.

– Contra la extendida creencia, los bancos no son “intermediarios” entre ahorradores y deudores (no “prestan” el dinero que otros “ahorran”). El dinero que los bancos prestan es dinero que se crea en el momento en que se concede el crédito.

– Si la práctica del endeudamiento se detuviera, ello implicaría la contracción de la masa de dinero bancario (es decir, de la mayor parte del dinero en la economía).

– Cuando se emite un préstamo, se crea una cantidad de dinero (un depósito bancario) por un monto equivalente al “principal” de dicho préstamo. Sin embargo, un crédito entraña también una promesa de pagar intereses. Esto quiere decir que, por definición, un préstamo crea menos dinero del que se necesita para que el deudor pague su deuda.

– A nivel sistémico, este hecho hace que la deuda sea “estructuralmente impagable”. Una persona puede terminar de pagar su deuda, pero es imposible que todas las personas paguen sus deudas al mismo tiempo, pues no existe la cantidad de dinero suficiente en el sistema para hacerlo.

– El endeudamiento es una condición inherente al funcionamiento de la economía: sin deuda no hay dinero. Y mientras menos deuda se emita, menor será la cantidad de dinero en circulación.

– El poder de creación monetaria está en manos de un sistema privado y, como tal, está orientado hacia la generación de ganancias de los bancos comerciales, no hacia el interés público.

– El poder de creación monetaria que hoy ostentan los bancos está en la base de la generación de las burbujas financieras.

– Si bien los gobiernos conservan formalmente la facultad de determinar su moneda, así como el monopolio de la emisión de billetes y monedas, en los hechos han delegado el poder de creación monetaria a los bancos comerciales.

– La forma aparentemente familiar que tienen los depósitos bancarios revela su naturaleza problemática en cuanto consideramos que el depósito bancario de un individuo es la deuda de alguien más y que, por lo tanto, la suma de los depósitos bancarios son una deuda de la sociedad hacia el sistema bancario.

– Todo el dinero depositado en el sistema bancario, es deuda que está generando intereses para los bancos comerciales.

– Si los bancos han acumulado tanto poder, hasta el punto de obligar a los gobiernos a rescatarlos de la bancarrota cuando las crisis financieras se producen, es porque se han apoderado de la facultad de creación de la partícula elemental de las transacciones económicas de la sociedades modernas: el dinero.

Los artículos aquí compendiados buscan dar respuestas a las preguntas que este sistema plantea: ¿cómo se constituyó el sistema monetario que hoy nos rige y a quiénes beneficia? ¿Qué consecuencias tiene el hecho de que la mayor parte del dinero existente tenga la forma de un depósito bancario y, por lo tanto, se haya creado a través del endeudamiento? ¿Qué sistema de creación monetaria necesitamos si queremos construir una sociedad más justa? ¿Y qué relación existe entre dicho sistema y el resto de los problemas que las sociedades enfrentan: la inestabilidad financiera, la precariedad salarial, el desempleo, la desigualdad, el endeudamiento de individuos y gobiernos, el cambio climático y la necesidad urgente de construir una economía sustentable?

Este libro, en fin, puede ser leído como un esfuerzo por desentrañar las consecuencias e interrogantes que se alojan en esta frase simple, los bancos privados crean dinero, principio en el que se expresa una compleja estructura de poder. Las respuestas convergen en el proyecto de la reforma del dinero soberano, es decir, la propuesta de devolver al Estado el monopolio del poder de crear dinero, y convertir a los bancos en verdaderos intermediarios entre ahorradores y deudores.

El contenido de esta antología

El presente libro combina textos que abordan la cuestión de la reforma monetaria desde una perspectiva teórica, con textos escritos desde el activismo político –centrados, principalmente, en la experiencia de las organizaciones que, en Estados Unidos, han luchado por implementarla–. Es una tarea pendiente adaptar el estudio y la práctica de la reforma monetaria a las particularidades de cada país.

El orden de los artículos ha procurado partir de la presentación de los temas elementales de la reforma del dinero soberano (¿qué es el dinero, qué formas adopta, cómo y por qué el sistema de creación monetaria fue privatizado?) para después dirigirse hacia la relación entre el sistema monetario y el resto de los sectores de la sociedad. (La única excepción a este orden es el artículo “La creación de dinero en la economía moderna”, de Michael McLeay, Amar Radia y Ryland Thomas, publicado por el Banco de Inglaterra. Por ser el texto más técnico y de mayor complejidad, ha sido colocado al final. Si el lector desea partir de una exploración en detalle del proceso de creación monetaria, puede comenzar por este artículo).

Es imposible agotar en un solo volumen todos los temas y problemas que se reúnen en torno al proyecto de la reforma del dinero soberano. Como el lector constatará, ni siquiera es sencillo ubicar esta reforma dentro de la antinomia política clásica izquierda/derecha. En la medida que la reforma aspira a limitar el poder de los bancos a través de la nacionalización del dinero, parece tratarse de un proyecto cercano a las luchas históricas de la izquierda; pero en la medida que esta propuesta busca acabar con el poder oligopólico de los bancos, es compatible con los ideales del liberalismo económico. Más allá de estas coincidencias, y de las formas específicas que deberá adoptar la reforma en función de las condiciones de cada país, es urgente que la ciudadanía tome conciencia del poder implicado en el sistema monetario y cuestione su estructura vigente. En el contexto de una crisis que ha abierto nuevas posibilidades para la organización social, el proyecto de la reforma del dinero soberano propone un objetivo al mismo tiempo concreto y de gran alcance: limitar el poder de los bancos privados retirándoles la facultad de crear dinero.

Considero que el mundo hispanohablante (lo mismo la España capturada por el Banco Central Europeo, las políticas de austeridad y la ortodoxia tecnocrática, que los países latinoamericanos sometidos al peligro constante de la fuga de capitales, las crisis financieras y el peso de la deuda externa) es un terreno propicio para que las reflexiones en torno a las posibilidades y beneficios del dinero soberano cobren fuerza. Este libro espera contribuir a alimentar ese debate y enriquecer la lucha de las fuerzas democráticas en su búsqueda de una sociedad más justa

Aprovecho este espacio para externar mi agradecimiento a The Alliance For Just Money –en particular a Mark Young y Govert Schüller– por su invaluable apoyo para la publicación de esta antología.

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